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ANTIGUO TESTAMENTO

Libro: Job

Idioma Original: hebreo

Job (hebreo אִיּוֹב, Iyov) es un libro bíblico en el Tanaj hebreo que figura entre los Nevi’im, ubicado entre los Proverbios y los Cantares. En el Cristianismo figura como el primero de los Libros Sapienciales.

Dios le pregunta a Satanás si ha reparado en su siervo Job, a lo que éste le contesta que sí, y que si es fiel es porque ha sido bendecido, beneficiado por él. Como respuesta Dios le permite hacer con Job lo que quiera para demostrar su fe. Satanás mata a sus ovejas, a sus mozos y a sus hijos, y le envía llagas dolorosas, pero la fe de Job sigue inquebrantable – actitud que no entiende su mujer, que dirá: “maldice a Dios y muérete”1​

Lea o Escuche la Biblia Online, Reina-Valera 1960 (RVR1960)

Diferentes Versiones

Job 1 Reina-Valera 1960 (RVR1960)

Las calamidades de Job

 Hubo en tierra de Uz un varón llamado Job; y era este hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal.

Y le nacieron siete hijos y tres hijas.

Su hacienda era siete mil ovejas, tres mil camellos, quinientas yuntas de bueyes, quinientas asnas, y muchísimos criados; y era aquel varón más grande que todos los orientales.

E iban sus hijos y hacían banquetes en sus casas, cada uno en su día; y enviaban a llamar a sus tres hermanas para que comiesen y bebiesen con ellos.

Y acontecía que habiendo pasado en turno los días del convite, Job enviaba y los santificaba, y se levantaba de mañana y ofrecía holocaustos conforme al número de todos ellos. Porque decía Job: Quizá habrán pecado mis hijos, y habrán blasfemado contra Dios en sus corazones. De esta manera hacía todos los días.

Un día vinieron a presentarse delante de Jehová los hijos de Dios, entre los cuales vino también Satanás.

Y dijo Jehová a Satanás: ¿De dónde vienes? Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: De rodear la tierra y de andar por ella.

Y Jehová dijo a Satanás: ¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal?

Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: ¿Acaso teme Job a Dios de balde?

10 ¿No le has cercado alrededor a él y a su casa y a todo lo que tiene? Al trabajo de sus manos has dado bendición; por tanto, sus bienes han aumentado sobre la tierra.

11 Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia.

12 Dijo Jehová a Satanás: He aquí, todo lo que tiene está en tu mano; solamente no pongas tu mano sobre él. Y salió Satanás de delante de Jehová.

13 Y un día aconteció que sus hijos e hijas comían y bebían vino en casa de su hermano el primogénito,

14 y vino un mensajero a Job, y le dijo: Estaban arando los bueyes, y las asnas paciendo cerca de ellos,

15 y acometieron los sabeos y los tomaron, y mataron a los criados a filo de espada; solamente escapé yo para darte la noticia.

16 Aún estaba éste hablando, cuando vino otro que dijo: Fuego de Dios cayó del cielo, que quemó las ovejas y a los pastores, y los consumió; solamente escapé yo para darte la noticia.

17 Todavía estaba éste hablando, y vino otro que dijo: Los caldeos hicieron tres escuadrones, y arremetieron contra los camellos y se los llevaron, y mataron a los criados a filo de espada; y solamente escapé yo para darte la noticia.

18 Entre tanto que éste hablaba, vino otro que dijo: Tus hijos y tus hijas estaban comiendo y bebiendo vino en casa de su hermano el primogénito;

19 y un gran viento vino del lado del desierto y azotó las cuatro esquinas de la casa, la cual cayó sobre los jóvenes, y murieron; y solamente escapé yo para darte la noticia.

20 Entonces Job se levantó, y rasgó su manto, y rasuró su cabeza, y se postró en tierra y adoró,

21 y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito.

22 En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno.

Reina-Valera 1960 (RVR1960)

Versión Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988.

Job 1 Nueva Versión Internacional (NVI)

Prólogo

En la región de Uz había un hombre recto e intachable, que temía a Dios y vivía apartado del mal. Este hombre se llamaba Job. Tenía siete hijos y tres hijas; era dueño de siete mil ovejas, tres mil camellos, quinientas yuntas de bueyes y quinientas asnas, y su servidumbre era muy numerosa. Entre todos los habitantes del oriente era el personaje de mayor renombre.

Sus hijos acostumbraban turnarse para celebrar banquetes en sus respectivas casas, e invitaban a sus tres hermanas a comer y beber con ellos. Una vez terminado el ciclo de los banquetes, Job se aseguraba de que sus hijos se purificaran. Muy de mañana ofrecía un holocausto por cada uno de ellos, pues pensaba: «Tal vez mis hijos hayan pecado y maldecido[a] en su corazón a Dios». Para Job esta era una costumbre cotidiana.

Primera prueba de Job

Llegó el día en que los ángeles[b] debían hacer acto de presencia ante el Señor, y con ellos se presentó también Satanás. Y el Señor le preguntó:

—¿De dónde vienes?

—Vengo de rondar la tierra, y de recorrerla de un extremo a otro —le respondió Satanás.

—¿Te has puesto a pensar en mi siervo Job? —volvió a preguntarle el Señor—. No hay en la tierra nadie como él; es un hombre recto e intachable, que me honra y vive apartado del mal.

Satanás replicó:

—¿Y acaso Job te honra sin recibir nada a cambio? 10 ¿Acaso no están bajo tu protección él y su familia y todas sus posesiones? De tal modo has bendecido la obra de sus manos que sus rebaños y ganados llenan toda la tierra. 11 Pero extiende la mano y quítale todo lo que posee, ¡a ver si no te maldice en tu propia cara!

12 —Muy bien —le contestó el Señor—. Todas sus posesiones están en tus manos, con la condición de que a él no le pongas la mano encima.

Dicho esto, Satanás se retiró de la presencia del Señor.

13 Llegó el día en que los hijos y las hijas de Job celebraban un banquete en casa de su hermano mayor. 14 Entonces un mensajero llegó a decirle a Job: «Mientras los bueyes araban y los asnos pastaban por allí cerca, 15 nos atacaron los de Sabá y se los llevaron. A los criados los mataron a filo de espada. ¡Solo yo pude escapar, y ahora vengo a contárselo a usted!»

16 No había terminado de hablar este mensajero cuando uno más llegó y dijo: «Del cielo cayó un rayo que calcinó a las ovejas y a los criados. ¡Solo yo pude escapar para venir a contárselo!»

17 No había terminado de hablar este mensajero cuando otro más llegó y dijo: «Unos salteadores caldeos vinieron y, dividiéndose en tres grupos, se apoderaron de los camellos y se los llevaron. A los criados los mataron a filo de espada. ¡Solo yo pude escapar, y ahora vengo a contárselo!»

18 No había terminado de hablar este mensajero todavía cuando otro llegó y dijo: «Los hijos y las hijas de usted estaban celebrando un banquete[c] en casa del mayor de todos ellos 19 cuando, de pronto, un fuerte viento del desierto dio contra la casa y derribó sus cuatro esquinas. ¡Y la casa cayó sobre los jóvenes, y todos murieron! ¡Solo yo pude escapar, y ahora vengo a contárselo!»

20 Al llegar a este punto, Job se levantó, se rasgó las vestiduras, se rasuró la cabeza, y luego se dejó caer al suelo en actitud de adoración. 21 Entonces dijo:

«Desnudo salí del vientre de mi madre,
    y desnudo he de partir.[d]
El Señor ha dado; el Señor ha quitado.
    ¡Bendito sea el nombre del Señor

22 A pesar de todo esto, Job no pecó ni le echó la culpa a Dios.[e]

Footnotes:

  1. 1:5 maldecido. Lit. bendecido; este eufemismo se usa también en 1:11; 2:5,9.
  2. 1:6 ángeles. Lit. hijos de Dios.
  3. 1:18 celebrando un banquete. Lit. comiendo y bebiendo vino.
  4. 1:21 he de partir. Alt. he de volver allá.
  5. 1:22 ni le echó la culpa a Dios. Lit. ni dio oración a Dios; véase nota en 1:5.

Nueva Versión Internacional (NVI)

Santa Biblia, NUEVA VERSIÓN INTERNACIONAL® NVI® © 1999, 2015 por Biblica, Inc.®, Inc.® Usado con permiso de Biblica, Inc.® Reservados todos los derechos en todo el mundo. Used by permission. All rights reserved worldwide.

    1 Corintios 3: 1-4 Aquí, yo. Pablo culpa a los corintios por su debilidad y falta de competencia. Los que son santificados son tan solo en parte: todavía hay espacio para el crecimiento y el aumento tanto en la gracia como en el conocimiento, 2Pe_3: 18. Aquellos que a través de la gracia divina se renuevan a una vida espiritual pueden, sin embargo, ser defectuosos en muchas cosas. El apóstol les dice que no podía hablarles como a los hombres espirituales, sino a los hombres carnales, como a los bebés en Cristo, 1Co_3: 1. Estaban tan lejos de formar sus máximas y medidas sobre la base de la revelación divina y entrar en el espíritu del evangelio, es decir, era demasiado evidente que estaban bajo el mando de afectos carnales y corruptos. Todavía eran meros bebés en Cristo. Habían recibido algunos de los primeros principios del cristianismo, pero no habían crecido hasta la madurez de la comprensión en ellos, o de la fe y la santidad; y sin embargo, es claro, de varios pasajes de esta epístola, que los corintios estaban muy orgullosos de su sabiduría y conocimiento. Tenga en cuenta que es muy común que las personas de conocimiento y comprensión muy moderadas tengan una gran medida de autoconsumo. El apóstol asigna su poca habilidad en el conocimiento del cristianismo como una razón por la cual no les había comunicado nada más profundo de eso. No podían soportar tal comida, necesitaban ser alimentados con leche, no con carne, 1Co_3: 2. Tenga en cuenta que un fiel ministro de Cristo tiene el deber de consultar las capacidades de sus oyentes y enseñarles lo que pueden soportar. Y sin embargo, es natural que los bebés crezcan hasta convertirse en hombres; y los bebés en Cristo deben esforzarse por crecer en Estatura y convertirse en hombres en Cristo. Se espera que sus avances en el conocimiento sean proporcionales a sus medios y oportunidades, y al momento de profesar la religión, para que puedan soportar discursos sobre los misterios de nuestra religión, y no siempre descansen en cosas claras. Fue un reproche a los corintios el hecho de que se hubieran sentado durante tanto tiempo bajo el ministerio de Pablo y no hubieran mejorado el conocimiento cristiano. Tenga en cuenta que los cristianos tienen la culpa absoluta de quienes no se esfuerzan por crecer en la gracia y el conocimiento. II. Él los culpa por su carnalidad, y menciona su discusión y discordia acerca de sus ministros como evidencia de ello: para ustedes aún son carnales; porque mientras que hay entre vosotros envidias, y luchas, y divisiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres? 1Co_3: 3. Tenían emulaciones mutuas, y disputas, y facciones entre ellos, por cuenta de sus ministros, mientras que uno dijo: Yo soy de Pablo; y otra, soy de Apolos, 1Co_3: 4. Estas eran pruebas de su carnalidad, de que los intereses y afectos carnales los influenciaban demasiado. Tenga en cuenta que las contiendas y las peleas sobre la religión son tristes evidencias de la permanencia de la carnalidad. La verdadera religión hace que los hombres sean pacíficos y no contenciosos. Los espíritus facios actúan sobre los principios humanos, no sobre los principios de la verdadera religión; son guiados por su propio orgullo y pasiones, y no por las reglas del cristianismo: ¿No andan como hombres? Tenga en cuenta que se debe lamentar que muchos de los que deberían caminar como cristianos, es decir, por encima del ritmo común de los hombres, sí caminan como hombres, viven y actúan demasiado como los demás hombres.

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